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Trabajador en la enseñanza, ¡rompe con la impotencia que impone el sindicalismo subvencionado, organízate con el sindicato de clase!

El intento de superación, puramente temporal y efímero, por parte de la burguesía de la crisis de sobreproducción en el que se encuentra inmerso el sistema capitalista, sólo puede pasar por descargar sus devastadores efectos sobre la masa de todos los trabajadores tanto del sector público-estatal como del privado. En primer lugar se reducen drásticamente los costes directos del trabajo con despidos masivos y bajada generalizada de salarios, pero además se atacan los costes globales del trabajo, el transporte, la sanidad y la educación de los trabajadores y sus hijos, lo que golpea de lleno a todos los trabajadores, incluyendo los de los mal llamados servicios públicos. Como esto no es suficiente, la otra línea de acción no es sino la privatización: en quiebra los negocios tradicionales de la burguesía española como la construcción y la obra pública, se entra a saco con el presupuesto estatal, cuyo grueso -más de un 60%- está en la sanidad y la enseñanza. La paulatina privatización de la gestión del presupuesto de educación se convierte, no en un capricho ideológico de esta nebulosa criatura llamada neoliberalismo, espantajo que agitan las aireadas y reaccionarias mareas, sino una pura necesidad capitalista por encima de partidos y gobiernos, porque en el capitalismo son el Estado y sus secuaces los que están al servicio del capital y no al revés.

En esta ofensiva, el capital se apoya en la sistemática desorganización sembrada durante décadas por las mal llamadas organizaciones sindicales, todas ellas perfectamente integradas en el aparato del estado capitalista-burgués y al que sirven con suprema diligencia y aplicación. Todas sus acciones buscan desgastar, cansar, abrasar y llevar la lucha de los trabajadores a un callejón sin salida que aboca a la inevitable derrota y a la imposición de las exigencias del patrón, ya sea estatal o privado. Consumados maestros en el arte del engaño, envuelven, si hace falta sus trapacerías en retóricas bravuconas y grandilocuentes, haciendo el mismo papel que el agua hirviendo que apaga la hoguera. O si no, cuando con toda la abundante desfachatez de estas organizaciones, alquilan la lucha de los trabajadores a causas completamente ajenas a los intereses de nuestra clase como las del más ramplón cretinismo parlamentario. Por supuesto, por cumplir con esta preciosa tarea para los intereses del patrón capitalista, tales organizaciones son generosamente retribuidas vía presupuesto estatal, autonómico, cobran por servicios tan aberrantemente antiobreros como despedir o la admisión de EREs o ERTEs; y además se les permite que participen con toda naturalidad, aunque sean de las migajas, en el reparto del botín arrancado de la plusvalía producida por la masa de los trabajadores, cayendo en el más puro latrocinio de lo que se entiende por corrupción y en no pocas ocasiones en las más parasitarias costumbres del crapulismo burgués de comilonas, francachelas y lo que se tercie. Comfia, la poderosa federación de banca de CC OO, repartió 3,7 millones de euros en sobresueldos a sus delegados entre 2008 y 2012, años en los que el sector perdió más de 30.000 empleos y una veintena de entidades fueron rescatadas con fondos públicos. (…) La crisis del sector contrasta con la solvencia de Comfia, cuyo patrimonio neto creció de los 7,6 millones de 2008 a 12,1 millones en 2012 (un 59 %). Buena parte de esta saneada situación se explica por las aportaciones que las cajas, bancos, aseguradoras y patronales hicieron al sindicato: 8,3 millones de euros. (…) Comfia recibió entre 2008 y 2012 4,98 millones de euros en "ayudas directas" y otros 3,38 millones por dietas de los consejos de administración de las cajas” (El País, 15/02/15) Comfia (…) gastó entre 2008 y 2012 un total de 14,06 millones de euros en “viajes y reuniones, según recogen las cuentas internas del sindicato (…). Esta partida es, tras la de “gastos generales” —14,99 millones— la mayor en la salida de dinero (…) Destacan dos partidas en particular. La primera son las decenas de miles de euros anuales gastados por la cúpula estatal en asadores, marisquerías y restaurantes de elevado precio. La segunda es la millonaria factura que suponen los frecuentes congresos y reuniones a todos los niveles —estatal, comunidades, empresas...—, con eventos que llegan a costar más 300.000 euros. A ellos hay que sumar gran cantidad de apuntes por cientos o miles de euros registrados bajo términos genéricos —“varios”, “visa”...— que hacen imposible comprobar el destino real del dinero. (…) Las cuentas de Comfia revelan una gran cantidad de comidas, a veces tres veces por semana por dirigente, en restaurantes que superan los 50 euros por comensal. (…) Los recibos de varios cientos o más de 1.000 euros se acumulan en la contabilidad del sindicato” (El País, 16/02/15).

En el sector de la educación estatal tenemos una acreditada experiencia de las capacidades de las empresas de servicios sindicales. Ante el empeoramiento de las condiciones, que no eran precisamente idílicas, en los centros educativos convertidos en una mezcla de cárceles y manicomios, ante los despidos masivos de profesores interinos, personal de mantenimiento, limpieza, etc, las acciones de estas organizaciones han sido siempre puras maniobras de distracción que sólo sirven para apagar cualquier espíritu de lucha entre los trabajadores. Cuando fueron desbordados en el año 2011 por el monumental cabreo que se vivía en esos años, se escondieron detrás de las mareas mareantes con sus tramposas prácticas del hiperdemocratismo más estéril y vacío, incapaces de elaborar una mínima tabla reivindicativa y con acciones absolutamente ridículas como “huelguitas” alternas que reproducían notablemente empeoradas las peores marrullerías de las organizaciones sindicales. Como no podía ser de otra manera todo acabó con una desmovilización total a lo que se unió la desorganización más absoluta de los trabajadores por muchos años. En definitiva con este falso sindicalismo los trabajadores de la enseñanza estatal, como tantos otros, sufrimos una derrota aplastante.

La última maniobra de diversión es la “huelga” convocada para el día 26 de octubre en protesta por la LOMCE. Vaya por delante que dentro de la política del sindicalismo estatal de envilecer y degradar la auténtica lucha de los trabajadores etiquetan como huelga lo que no es sino un miniparo vergonzante. La organización de este paro consiste en pegar un cartel en el tablón de anuncios y en algunos centros una charla–soflama de un liberado sindical, convocada a hurtadillas para que no se entere nadie. Son las prácticas de toda la vida que buscan, entre otras cosas, lavar la cara al aparato sindical. Por supuesto afirmamos que la LOMCE es una ley profundamente reaccionaria y antiobrera que busca una drástica reducción de los costes educativos, vía expulsión masiva de alumnos, este y no otro es el significado de las famosas reválidas, y no la nostalgia franquista como proclaman estas organizaciones especializadas en echar humo a los ojos que desembocará en despidos masivos de personal docente y de otras categorías. Pero en esto sigue la línea de las anteriores leyes educativas que han hecho posibles despidos, supresión de aulas, etc., y la LOMCE no hace sino plasmar por escrito las necesidades del capital. Nada de esto ponen encima de la mesa CCOO, UGT, CGT y cia. En realidad todas sus propuestas se enmarcan dentro de la calculada vaguedad de las frases rimbombantes que queriendo significar todo al final no equivalen a nada. Claro, que siempre hay quien o que se supera a sí mismo en la práctica de la desfachatez. Así CGT se nos descuelga con una apelación solemnísima y vehemente a la “Soberanía parlamentaria”. Nada más y nada menos que los adalides del movimiento libertario, aquellos que reclaman la destrucción violenta del estado y las instituciones, piden a gritos el respeto por uno de los más sagrados dogmas del cretinismo parlamentario.

Todo esto no significa el rechazo al sindicato y a la práctica sindical. Todo lo contrario, necesitamos al auténtico sindicato y el sindicalismo de clase, que no es un aparato sindical al servicio de las necesidades y urgencias del capitalismo, sino la organización de la masa de los trabajadores en defensa de sus intereses. Necesitamos recuperar los métodos clasistas de lucha y de organización, transmitiendo la memoria de las luchas pasadas y presentes, intentando mantener un contacto estrecho y cotidiano entre nosotros. Este contacto nos permite conocer lo que ocurre en cada centro de trabajo y, al mismo tiempo, obtener una imagen de conjunto que nos saque del aislamiento. Por ello, hay que cultivar el compañerismo dentro del centro de trabajo y extender constantemente lazos hacia afuera, enfrentando todos los ataques aunque nos parezcan minúsculos (recordemos que cualquier ataque contra un trabajador se reproduce rápidamente al resto, y que las medidas contra nosotros en un centro se difunden rápidamente a otros). Debemos convertir los centros educativos en avisperos de reivindicaciones obreras con secciones y grupos sindicales del sindicato de clase capaces de responder a cada una de las agresiones del patrón y sus capataces, tengan o no el apoyo de sus leyes, procurando la extensión paciente y rigurosa de las luchas desde cada centro de trabajo, que pueden empezar siendo pequeñas o incluso minúsculas, pero que son la única manera de empezar a crear un red sólida de solidaridad, hoy por hoy inexistente y que no surgirá por arte de magia por muchos referéndums sobre métodos de lucha centro a centro que se hagan (más bien al contrario: ante el chiste de tener que elegir entre hacer huelga un día semanal rotativo, dos horas diarias de lunes a jueves, 72 horas seguidas, etc. el resultado más habitual, y hasta cierto punto comprensible, es el alejamiento de muchos de los compañeros de cualquier planteamiento reivindicativo), tendiendo a extender las luchas hacia una huelga general que no sea una mera convocatoria a toque de silbato y tendiendo a aglutinar las reivindicaciones en una tabla común que recoja las necesidades de las categorías con peores condiciones y que incluya al menos los siguientes puntos:

 

  • Fuera ETTs y subcontratas: todos los interinos, eventuales y subcontratados a fijos de la empresa principal, sin pasar por la tortura de las oposiciones.

  • Máximo de 18 horas lectivas y 25 periodos semanales de permanencia en los centros.

  • Reducción de la ratio a 15 alumnos por aula en las clases estándar.

  • Jubilación voluntaria a los 55 años con el 100% del salario.

  • Becas para material escolar y de comedor para todos los hijos de los trabajadores asalariados.

  • Retorno de aulas de apoyo y de enlace. Supresión de todas las medidas discriminatorias, legales o no, que expulsan de las aulas a los hijos de los trabajadores.

  • En solidaridad con el resto de la clase obrera: reducción de jornadas a 30 horas semanales sin reducción de salario; o puesto de trabajo o subsidio de 1.500 € mensuales, jubilación a los 55 años con el 100% del salario.

Adjuntos:
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