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Privatización de la enseñanza: directores de Cataluña, Madrid y Andalucía convertidos en capataces.

Como venimos diciendo, la burguesía impone el pago de la clásica crisis de sobreproducción capitalista a la clase trabajadora. Parte de las medidas antiobreras que promueven para ello consiste en el recorte drástico de los gastos globales del trabajo en la educación y sanidad estatal y en el transporte para los trabajadores; por ejemplo, el recorte radical en gastos y camas en Cataluña y otras autonomías, el encarecimiento de los medios de transporte públicos para los trabajadores (aunque en Madrid se lo regalen a las hordas reaccionarias, inquisitoriales y medievales del papa), la obligación de recetar genéricos aprobada por el gobierno del estado el pasado viernes, el copago médico (repago en realidad), el recorte de profesores o su crecimiento por debajo de la matrícula en todo el estado, etc. (Estas medidas se suman al ataque global contra los trabajadores en materia de jubilación, convenios, despido objetivo, EREs, embargos, etc.) Del mismo modo que ya han hecho con los pactos de productividad en sanidad, con la colaboración habitual del sindicalismo subvencionado, el recorte de gasto y la privatización en educación pasa por la introducción de criterios de productividad y gestión privada, cuyos objetivos finales no son otros que los de cualquier otra empresa privada (reducir costes salariales, aumentar la productividad, disciplinar a los trabajadores -y en este caso también a los estudiantes-...).

En materia de educación, Andalucía se suma a Madrid y a Cataluña y dota a los directores de los centros educativos estatales con una mayor capacidad sancionadora contra los trabajadores de la enseñanza con la que podrán aplicar directamente penalizaciones por faltas leves. Esto supone un importante paso adelante que facilita la introducción de criterios de productividad y de privatización de la gestión en los centros de educación estatales. Como venimos denunciando, ante la avalancha presente y futura de medidas antiobreras en la educación estatal, el patrón/estado se ve en la obligación de convertir a los equipos directivos en meras correas de transmisión de esas medidas y puros capataces que mantengan el control y la disciplina sobre los trabajadores de la enseñanza. De este modo, la enseñanza sigue el camino marcado por la sanidad con los pactos por la productividad, en junio de 2005, que fueron firmados por el sindicalismo subvencionado. Esta medida de convertir a los directores en capataces de obra con capacidad sancionadora contra todos los trabajadores de la enseñanza (profesores, administrativos, bedeles, etc.) ha sido aprobada por el PP en Madrid, el PSOE en Andalucía e IU/ERC/PSOE en Cataluña (estos últimos en el marco de una ley mucho más agresiva contra los trabajadores de la educación) y no dudamos que se extenderá autonomía a autonomía, las gobierne quien las gobierne. ¡Es es la verdadera faz del régimen parlamentario burgués y su democracia! ¡El parlamentarismo, de izquierdas o derechas, y el Estado al servicio del capital y machacando a la clase trabajadora!

No nos extraña, por otra parte, que la organización patronal y reaccionaria FEDADi (Federación de Asociaciones de Directores de Centros Públicos) haya acogido esta medida con verdadero entusiasmo, toda vez que los directores integrados en esta organización llevaban años pidiendo y reclamando que se les entregara rápidamente el látigo con que castigar y controlar a sus subordinados (estos lobos con piel de cordero llaman "independencia" a esta introducción de criterios de gestión privada; como se ve, para estos supersabios profesorales, auténticas lumbreras del ordeno y mando, su papel bien remunerado como meros capataces y correas de transmisión, obedeciendo ciegamente al patrón y chasqueando el látigo sobre los trabajadores... ¡garantiza la independencia científica y de funcionamiento de los centros!).

Todas estas buenas gentes del parlamentarismo de izquierda, las asociaciones patronales con apariencia progre y discursitos de "defensa de lo público" y el sindicalismo subvencionado son las que están haciendo el trabajo sucio al patrón/estado. Los trabajadores de la educación necesitamos poder dar una respuesta a estas agresiones; necesitamos romper el aislamiento individual y organizarnos en el sindicato de clase que no recibe subvenciones ni del Patrón ni de su Estado: SUT.

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