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(més avall en català, below in English)

 

Compañeros y compañeras,

Como es notorio el 11-N hay una huelga general convocada por parte de diferentes organizaciones y después de valorar la situación en las asambleas territoriales del sindicato, trasladamos las siguientes reflexiones y posicionamiento en relación con la convocatoria.

 

Los intereses del sindicalismo integrado

Las organizaciones que realizaron la convocatoria inicial, CCOO y UGT, son quienes en los centros de trabajo se dedican a sabotear la organización de lucha, delatar y acosar a quienes se organizan, cortocircuitar los movimientos reivindicativos llegando a acuerdos a la baja, participar en los juicios para defender a la empresa contra los trabajadores, sustituyendo el sindicalismo de clase por un clientelismo asfixiante, cobrando subvenciones de las empresas y el Estado para mantener dividida la clase obrera en más de 3.000 convenios distintos cada uno de los cuales con decenas de categorías distintas. Esto no es una consideración genérica sobre la falta de combatividad de estas organizaciones – y no cumplen esta función solamente CCOO y UGT – sino una constatación material del papel de sabotaje sistemático realizado por estos aparatos integrados. En la mayoría de empresas los trabajadores aprenden que sólo afiliándose a una de estas parroquias clientelares que sirven de sucursales de RRHH pueden incluso acceder a gestiones (no reivindicaciones) básicas. Y así se crea un entramado de favores clientelares que a la hora de la verdad, la empresa se cobra y el aparato integrado paga saboteando la lucha. Hay toda una variedad de intereses a distintos niveles pero que son convergentes en sofocar e impedir la reanudación de la lucha de clase en los centros de trabajo: desde las subvenciones, pasando por la futura colocación en consejos de administración por los servicios prestados, hasta distintas prebendas como no trabajar en determinados horarios o no hacer determinadas tareas. Estas organizaciones ni comprueban si toda su lista está formada por mandos de la propia empresa, con tal de sacar los delegados con los que se computarán las subvenciones de las que son drogodependientes. Todo ello tiene como resultado la situación actual de desorganización o de falsa ilusión de organización.

 

Estas organizaciones, cuya labor cotidiana consiste en impedir que haya una red de solidaridad que pueda poner en jaque a la Patronal y al Estado, han decidido convocar una huelga que para que fuera efectiva necesitaría esa red cuya función es sabotear. Efectivamente, tienen sus intereses: apoyar electoralmente al gobierno parlamentario actual, sacar músculo ante la posible reducción de subvenciones que un cambio de gobierno parlamentario puede conllevarles, aspirar a una parte del pastel inmobiliario que una oleada de construcción de vivienda les podría aportar como en el pasado (en Barcelona ya se les ha adjudicado la construcción de 1.500 viviendas, el secretario de CCOO pide que sean 1,5 millones en todo el Estado español). Y para estos objetivos, estos aparatos saboteadores de la lucha de la clase y de las huelgas que estallan fuera de su control, llaman al conjunto de la clase obrera a hacer huelga el 11-N.

 

La cuestión de la vivienda y el interclasismo

Como parte del timing electoral, se ha esperado hasta el último momento de la legislatura para promover el (misérrimo) decreto de la vivienda, haciéndolo coincidir con la movilización pertinente, para tratar de maximizar la captación de votos sobre la base de un problema real que afecta a una parte de la clase obrera y – esto no es baladí – a una parte de la pequeña burguesía.

 

Algunos descubren el “rentismo” como si fuera un fenómeno distinto del capitalismo y se centra la cuestión en cómo se reparte el plusvalor entre las diferentes fracciones de la burguesía en lugar de plantear la abolición misma del plusvalor.

 

Hace más de un siglo que el movimiento obrero sabe que la figura del inquilino no es equivalente a la del proletario, ni la del arrendador equivalente a la del burgués. Un inquilino puede ser al mismo tiempo un empresario que explota a 2, 5, 10 o 500 trabajadores. Un inquilino puede incluso ser propietario de varios pisos de los que obtiene una renta, aunque pague un alquiler en el que vive. Estos intereses cruzados llegan como agua de mayo para las organizaciones de la falsa izquierda dispuestas siempre a arrastrar a la clase obrera al movimiento interclasista.

 

En el plano reivindicativo del sindicalismo de clase, la reivindicación fundamental para hacer frente a la cuestión de la vivienda tiene que ser exigir subidas de salarios lineales que compensen el aumento del coste de la vida, incluida la vivienda. Esta reivindicación es la que nos permite afrontar el problema sin salirnos del terreno de clase.

 

Qué huelga necesitamos

La huelga es un arma fundamental para la clase obrera. Pero esto no significa que cualquier convocatoria de huelga sirva verdaderamente a los intereses de la clase obrera y hemos visto como varias fracciones de la burguesía han instrumentalizado e instrumentalizarán a la clase obrera para sus intereses.

 

Las huelgas que necesitamos no son un día suelto en clave electoral. Tampoco son huelgas a toque de silbato, en las que se llama a la huelga a quien se mantiene en una situación de falta de organización sin posibilidad de defenderse ante represalias posteriores.

 

Las huelgas que necesitamos tienen como premisa arrancar la mala hierba del sindicalismo integrado que inmoviliza y sabotea el nacimiento de una red de solidaridad y lucha sindical no integrada, en el terreno de clase y no como apéndice del movimiento social interclasista o parlamentario.

 

Las huelgas que necesitamos tienen que salir de los centros de trabajo y extenderse a otros centros, empresas y sectores, con el objetivo de poner a la Patronal contra la espada y la pared, y al mismo tiempo para que se desarrolle una red que continúe la lucha, que pueda defenderse ante represalias posteriores, etc.

 

Como clase obrera necesitamos la recuperación del sindicalismo de clase en general y del arma de la huelga en particular. Como arma para defendernos en el plano inmediato de los ataques de la Patronal, como arma para arrancar mejoras también en el plano inmediato a la Patronal y como entorno de movilización contra la guerra imperialista y para la abolición de la esclavitud del trabajo asalariado.

 

La paradoja es que muchos trabajadores que quieren hacer huelga contra sus empresas, que sienten el impulso y las ganas de luchar porque necesitan mejorar su situación material, van a seguir esta convocatoria que en el mejor de los casos va a servir de válvula de escape y en el peor de los casos va a fortalecer precisamente a los vendeobreros que frenan la lucha y nos condenan con sus raquíticos convenios de aplicación general. Antes de entrar en el específico posicionamiento en relación con el 11-N, nuestro llamamiento para todos los que genuinamente quieren luchar contra la Patronal con el objetivo de conseguir imponer cesiones reales a las empresas que nos explotan, es a contactar para organizar una red de lucha que de una manera estratégica y fundamentada en el sindicalismo de clase, prepare la ofensiva estructurada y planificada contra cada empresa, buscando siempre la extensión de estas luchas. Entonces conseguiremos lo que esta convocatoria escénica de un día no va a conseguir.

 

Nuestra posición en relación con la convocatoria de huelga del 11-N

Algunos hablan de desbordar la convocatoria de CCOO y UGT, pero esto en realidad se traduce en actos encaminados más bien a hacerla existir, complementando los espacios a los que no llegan estos aparatos. No consideramos que se reúnan las condiciones ni que sea nuestra función organizar una huelga que nace castrada.

 

Pero, como hemos dicho antes, la huelga es un arma fundamental de la clase obrera. Y los problemas por los que se convoca formalmente esta huelga son problemas reales que sufre la clase obrera.

 

Si hoy – en gran medida por la actuación sistemática del sindicalismo integrado que convoca la huelga – no es posible desarrollar el proceso huelguístico a gran escala como lo hemos descrito más arriba, nuestra principal función y objetivo es trabajar para que sea posible en el futuro.

 

Para esto es necesario romper con la camisa de fuerza del sindicalismo subvencionado y la dinámica de que nos saquen a pasear cuando les interese, y al mismo tiempo preservar la unidad real en los centros de trabajo en las futuras huelgas. La huelga sólo puede tirar para adelante con la máxima unidad de las plantillas que la siguen y no es posible mantener esta unidad para las futuras huelgas si cada cual decide si hace huelga o no a discreción.

 

Por lo tanto, allí donde la huelga se haya acordado en asamblea llamamos a todos los afiliados de SUT a seguirla y hacerla efectiva, trabajando para el momento en que la lucha se pueda desarrollar fuera de la matriz castrada del sindicalismo integrado, sin que nos instrumentalicen como peones para sus intereses y sin necesitar pedir prestadas convocatorias a los saboteadores del sindicalismo integrado.

 


 

Companys i companyes,

Com és notori l'11-N hi ha una vaga general convocada per part de diferents organitzacions i després de valorar la situació a les assemblees territorials del sindicat, traslladem les següents reflexions i posicionament en relació amb la convocatòria.

 

Els interessos del sindicalisme integrat

Les organitzacions que van realitzar la convocatòria inicial, CCOO i UGT, són els qui als centres de treball es dediquen a sabotejar l'organització de lluita, delatar i assetjar els qui s'organitzen, curtcircuitar els moviments reivindicatius arribant a acords a la baixa, participar en els judicis per defensar l'empresa contra els treballadors, substituint el sindicalisme de classe per un clientelisme asfixiant, cobrant subvencions de les empreses i l’Estat per mantenir dividida la classe obrera en més de 3.000 convenis diferents cadascun dels quals amb desenes de categories diferents. Això no és una consideració genèrica sobre la manca de combativitat d'aquestes organitzacions – i no compleixen aquesta funció només CCOO i UGT– sinó una constatació material del paper de sabotatge sistemàtic realitzat per aquests aparells integrats. A la majoria d'empreses els treballadors aprenen que només afiliant-se a una d'aquestes parròquies clientelars que serveixen de sucursals de RRHH poden fins i tot accedir a gestions (no reivindicacions) bàsiques. I així es crea un entramat de favors clientelars que a l'hora de la veritat, l'empresa es cobra i l'aparell integrat paga sabotejant la lluita. Hi ha tota una varietat d'interessos a diferents nivells però que són convergents en sufocar i impedir la represa de la lluita de classe als centres de treball: des de les subvencions, passant per la futura col·locació en consells d'administració pels serveis prestats, fins a diferents prebendes com no treballar en determinats horaris o no fer determinades tasques. Aquestes organitzacions ni comproven si tota la llista està formada per comandaments de la pròpia empresa, per tal de treure els delegats amb què es computaran les subvencions de les quals són drogodependents. Tot plegat té com a resultat la situació actual de desorganització o de falsa il·lusió d’organització.

 

Aquestes organitzacions, la tasca quotidiana de les quals consisteix a impedir que hi hagi una xarxa de solidaritat que pugui posar en perill la Patronal i l'Estat, han decidit convocar una vaga que perquè fos efectiva necessitaria aquesta xarxa la funció dels quals és sabotejar. Efectivament, tenen els seus interessos: donar suport electoralment al govern parlamentari actual, treure múscul davant la possible reducció de subvencions que un canvi de govern parlamentari els pot comportar, aspirar a una part del pastís immobiliari que una onada de construcció d'habitatge els podria aportar com en el passat (a Barcelona ja se'ls ha adjudicat la construcció de 1.500 habitatges, el secretari de CCOO demana que siguin 1,5 milions a tot l’Estat espanyol). I per a aquests objectius, aquests aparells sabotejadors de la lluita de la classe i de les vagues que esclaten fora del seu control, criden el conjunt de la classe obrera a fer vaga l'11-N.

 

La qüestió de l’habitatge i l’interclassisme

Com a part del timing electoral, s'ha esperat fins a l'últim moment de la legislatura per promoure el (misèrrim) decret de l'habitatge, fent-ho coincidir amb la mobilització pertinent, per intentar maximitzar la captació de vots sobre la base d'un problema real que afecta una part de la classe obrera i –això no és una qüestió menor – una part de la petita burgesia.

 

Alguns descobreixen el “rentisme” com si fos un fenomen diferent del capitalisme i se centra la qüestió en com es reparteix la plus-vàlua entre les diferents fraccions de la burgesia en lloc de plantejar l'abolició mateixa de la plus-vàlua.

 

Fa més d'un segle que el moviment obrer sap que la figura de l'inquilí no és equivalent a la del proletari, ni la de l'arrendador equivalent a la del burgès. Un llogater pot ser alhora un empresari que explota 2, 5, 10 o 500 treballadors. Un inquilí pot fins i tot ser propietari de diversos pisos dels quals obté una renda, encara que pagui un lloguer on viu. Aquests interessos creuats arriben com caigudes del cel per a les organitzacions de la falsa esquerra disposades sempre a arrossegar la classe obrera al moviment interclassista.

 

En el pla reivindicatiu del sindicalisme de classe, la reivindicació fonamental per fer front a la qüestió de l'habitatge ha de ser exigir pujades de salaris lineals que compensin l'augment del cost de la vida, inclòs l'habitatge. Aquesta reivindicació és la que ens permet fer front al problema sense sortir del terreny de classe.

 

Quina vaga necessitem

La vaga és una arma fonamental per a la classe obrera. Però això no significa que qualsevol convocatòria de vaga serveixi veritablement als interessos de la classe obrera i hem vist com diverses fraccions de la burgesia han instrumentalitzat i instrumentalitzaran la classe obrera per als seus interessos.

 

Les vagues que necessitem no són un únic dia en clau electoral. Tampoc són vagues a toc de xiulet, en la que es crida a la vaga a qui es manté en una situació de falta d'organització sense possibilitat de defensar-se davant de represàlies posteriors.

 

Les vagues que necessitem tenen com a premissa arrencar la mala herba del sindicalisme integrat que immobilitza i saboteja el naixement d'una xarxa de solidaritat i lluita sindical no integrada, en el terreny de classe i no com a apèndix del moviment social interclassista o parlamentari.

 

Les vagues que necessitem han de sortir dels centres de treball i estendre's a altres centres, empreses i sectors, amb l'objectiu de posar la Patronal contra l'espasa i la paret, i alhora perquè es desenvolupi una xarxa que continuï la lluita, que es pugui defensar davant de represàlies posteriors, etc.

 

Com a classe obrera necessitem la recuperació del sindicalisme de classe en general i de l'arma de la vaga en particular. Com a arma per defensar-nos en el pla immediat dels atacs de la Patronal, com a arma per arrencar millores també en el pla immediat a la Patronal i com a entorn de mobilització contra la guerra imperialista i per a l'abolició de l’esclavitud del treball assalariat.

 

La paradoxa és que molts treballadors que volen fer vaga contra les seves empreses, que senten l'impuls i les ganes de lluitar perquè necessiten millorar la seva situació material, seguiran aquesta convocatòria que en el millor dels casos servirà de vàlvula d'escapament i en el pitjor dels casos enfortirà precisament els venedors d’obrers que frenen la lluita i ens condemnen amb els seus raquítics convenis d’aplicació general. Abans d'entrar en el posicionament específic en relació amb l'11-N, la nostra crida per a tots els que genuïnament volen lluitar contra la Patronal amb l'objectiu d'aconseguir imposar cessions reals a les empreses que ens exploten, és a contactar per organitzar una xarxa de lluita que d'una manera estratègica i fonamentada en el sindicalisme de classe, prepari la ofensiva estructurada i planificada contra cada empresa, buscant sempre l’extensió d’aquestes lluites. Aleshores aconseguirem el que aquesta convocatòria escènica d'un dia no aconseguirà.

 

La nostra posició en relació a la convocatòria de vaga de l’11-N

Alguns parlen de desbordar la convocatòria de CCOO i UGT, però això en realitat es tradueix en actes encaminats més aviat a fer-la existir, complementant els espais on no arriben aquests aparells. No considerem que es reuneixin les condicions ni que sigui la nostra funció organitzar una vaga que neix castrada.

 

Però, com hem dit abans, la vaga és una arma fonamental de la classe obrera. I els problemes pels quals es convoca formalment aquesta vaga són problemes reals que pateix la classe obrera.

 

Si avui – en gran mesura per l'actuació sistemàtica del sindicalisme integrat que convoca la vaga – no és possible desenvolupar el procés vaguístic a gran escala com hem descrit més amunt, la nostra principal funció i objectiu és treballar perquè sigui possible en el futur.

 

Per això cal trencar amb la camisa de força del sindicalisme subvencionat i la dinàmica que ens treguin a passejar quan els interessi, i alhora preservar la unitat real als centres de treball en les futures vagues. La vaga només pot tirar endavant amb la màxima unitat de les plantilles que la segueixen i no és possible mantenir aquesta unitat per a les futures vagues si cadascú decideix si fa vaga o no a discreció.

 

Per tant, allà on la vaga s'hagi acordat en assemblea cridem tots els afiliats de SUT a seguir-la i fer-la efectiva, treballant per al moment en què la lluita es pugui desenvolupar fora de la matriu castrada del sindicalisme integrat, sense que ens instrumentalitzin com a peons per als seus interessos i sense necessitar demanar prestades convocatòries als sabotejadors del sindicalisme integrat.

 

 


 

Fellow workers,

As is well known, a general strike has been called for November 11th by various organizations. Following an assessment of the situation within the union’s territorial assemblies, we would like to share the following reflections and our position regarding this call.

 

The interests of integrated trade unionism

The organizations that issued the initial call, CCOO and UGT, are the very ones that, within workplaces, sabotage efforts to organize for struggle, betray on and harass those who do organize, and undermine claiming movements by striking unfavorable, low-standard agreements, they participate in legal proceedings to defend the company against the workers, replacing class unionism with a stifling union clientelism, they accept subsidies from both companies and the State to keep the working class fragmented into more than 3,000 separate collective bargaining agreements, each containing dozens of distinct job categories. This is not merely a general observation about the lack of combativeness within these organizations — and it is not only CCOO and UGT that play this role — but rather a concrete, material assessment of the systematic sabotaging role carried out by these integrated apparatuses. In most companies, workers learn that the only way to handle even basic administrative tasks (not demands) is by joining one of these clientelist parishes which effectively function as branches of HR. This creates a web of clientelist favors: when the moment of truth arrives, the company collects its due, and the integrated apparatus pays the price by sabotaging the struggle. A variety of interests converge at different levels, all aimed at stifling and preventing the resurgence of class struggle in the workplace: ranging from direct subsidies and future appointments to corporate boards as a reward for services rendered, to various perks, such as exemptions from certain shifts or specific job tasks. These organizations do not even bother to check whether their entire list of candidates consists of company management; their only goal is to secure enough delegates to qualify for the subsidies upon which they have become effectively addicted. The result of all this is the current state of disorganization, or, at best, a false illusion of organization.

 

These organizations, whose daily work consists of preventing the formation of a solidarity network capable of challenging the employers and the State, have decided to call for a strike; yet, for such a strike to be effective, it would require the very network they exist to sabotage. In truth, they have their own interests: providing electoral support to the current parliamentary government; showing their muscles in anticipation of potential cuts to the subsidies they might face should the parliamentary government change; and securing a slice of the real estate pie, a prospect that a new wave of housing construction could offer them, just as it did in the past (in Barcelona, ​​they have already been awarded the construction of 1,500 housing units, while the secretary of the CCOO is calling for 1.5 million such units across the entire Spanish State). To further these objectives, these apparatuses, which sabotage class struggle and any strikes that erupt outside their control, are calling on the working class as a whole to go on strike on November 11th.

 

The housing question and interclassism

As part of electoral timing, the (pitiful) housing decree was held back until the very end of the legislative term, timed to coincide with the corresponding mobilization, in an attempt to maximize votes by leveraging a real problem that affects a segment of the working class and — significantly — a portion of the petty bourgeoisie.

 

Some have discovered "rentierism" as if it were a phenomenon distinct from capitalism, focusing the debate on how surplus value is distributed among different factions of the bourgeoisie, rather than calling for the abolition of surplus value itself.

 

For over a century, the labor movement has understood that the category of tenant is not synonymous with proletarian, nor is landlord synonymous with bourgeois. A tenant might simultaneously be an employer who exploits 2, 5, 10, or even 500 workers. A tenant could even own several apartments from which they derive rental income, while themselves paying rent for the home they live in. These overlapping interests are a godsend for false-left organizations, which are always eager to drag the working class into an inter-classist movement.

 

Within the framework of class unionism, the fundamental demand for addressing the housing issue must be to demand for linear wage increases that compensate for the rising cost of living, housing costs included. This is the demand that allows us to confront the problem without straying from the class terrain.

 

What strike do we need

Strike is a fundamental weapon for the working class. However, this does not mean that every call for a strike truly serves the interests of the working class; we have seen how various factions of the bourgeoisie instrumentalize and will instrumentalize the working class for their own ends.

 

The strikes we need are not merely isolated, one-day events staged for electoral purposes. Nor are they strikes called at the mere whim of leadership, involving workers who lack any real organization and are left defenseless against subsequent reprisals.

 

The strikes we need must begin by rooting out the bad weed of integrated trade unionism that immobilizes and sabotages the emergence of a network of a non-integrated solidarity union struggle network, rooted in class terrain, rather than as an appendage to inter-class social or parliamentary movement.

 

The strikes we need must originate within the workplaces and spread to other sites, companies, and sectors. The goal is to back the employers into a corner, while simultaneously fostering a network capable of sustaining the struggle and defending against later retaliation.

 

As a working class, we must recover class unionism in general, and the strike as a weapon in particular. We need it as a tool for immediate defense against the employers' attacks, as a means to wring improvements from them, and as a framework for mobilization against imperialist war and for the abolition of the slavery of wage labor.

 

The paradox is that many workers, those who genuinely wish to strike against their employers, who feel the urge to fight because they need to improve their material conditions, may end up following a call that, at best, serves merely as a pressure-release valve, and at worst, strengthens the very sellouts who stifle the struggle and condemn us to pathetic, broad-reaching collective agreements. Before addressing our specific stance regarding November 11th, we call upon all those who genuinely wish to struggle against the employers, with the goal of forcing real concessions from the companies that exploit us, to get in touch to organize a network of struggle, strategically and rooted in class unionism, to prepare a structured and planned offensive against each company, while always seeking to expand these struggles. In this way, we will achieve what this one-day, performative mobilization cannot.

 

Our position regarding the strike call for November 11th

Some speak of going beyond the scope of the strike call issued by CCOO and UGT; in practice, however, this amounts to actions aimed more at ensuring such a strike actually takes place, filling gaps that these union apparatuses fail to reach. We do not believe the conditions are met, nor is it our role, to organize a strike that is effectively neutered from the outset.

 

Yet, as we have stated previously, the strike remains a fundamental weapon of the working class. Furthermore, the issues for which this strike has been formally called are real problems faced by the working class.

 

If, at present – largely due to the systematic actions of the integrated unionism that has called this strike – it is not possible to develop a large-scale strike process of the kind described above, then our primary task and objective is to work toward making such a process possible in the future.

 

To achieve this, we must break free from the straitjacket of state-subsidized unionism and the dynamic in which we are trotted out only when it suits their interests. At the same time, we must preserve genuine unity within workplaces for future strikes. A strike can only succeed through the maximum unity of the staffs participating in it; such unity cannot be maintained for future strikes if individuals are left to decide, at their own discretion, whether or not to participate.

 

Therefore, wherever a strike has been agreed upon in an assembly, we call on all SUT members to join it and make it effective, working toward a future where the struggle can unfold outside the neutered framework of integrated unionism, where we are no longer used as pawns for their interests, and where we no longer need to rely on strike calls issued by the very saboteurs of integrated unionism.